y tus propósitos ¿siguen vigentes?
Por Dios, ¿sólo estamos a en febrero, y ya se nos ha olvidado todo lo que nos juramos antes, durante y justamente después de habernos tragado la última uva con la que dábamos la bienvenida al 2011? Y si no lo hemos olvidado al menos lo vemos muchiiiisimo más lejano.
¿Has empezado de verdad a ir al gimnasio? No, no un día suelto, digo de verdad, al menos tres o cuatro veces a la semana, siguiendo una rutina.
¿Has comenzado el régimen? No, no vale con tomar unos Special K o unos All Bran para cenar… después de la carne con patatas y el arroz con leche que te dio tu suegra.
¿Estás relativizando la importancia del trabajo y dedicándote más a la familia o ya te has dejado llevar por el pánico y piensas que te pueden despedir la semana que viene y tienes que hacer horas?
¿Has quedado ya con alguno de los amigos que te prometiste recuperar? Si, esos en los que piensas a menudo pero a los que nunca llamas y que cuando te das cuenta han pasado otro seis meses y cuesta más ponerte al día y como vas tardar mucho en contarle todo, pues tardas más en coger el teléfono, y pasan otros seis meses y estás otro año más lejos de ellos.
¿Has empezado alguno de los muchos libros que aun tienes sin leer en la estantería? ¿Has revisado tus cajones y has tirado la ropa que no te vale? ¿los calcetines con agujeros?
¿Has hecho alguna excursión fuera de la ciudad? ¿Has empezado a refrescar tu inglés?
Si todas las respuestas son negativas, no te preocupes. ¡PUEDES HACERLO! No los des ya por perdidos, de veras. No eches tierra sobre tus propósitos para el nuevo año sin darles de verdad una oportunidad. ¡Pobrecillos propósitos recién nacidos!Pobrecito tú, arrastrado siempre por la rutina pero enterrado bajo una montaña de propósitos incumplidos que año tras año se quedan sobre ti. Propósitos que mueren pronto para reencarnarse fugazmente a principios de cada año en unos nuevos aunque iguales, pero sólo para volver a morir poco después. Sólo para formar parte del ciclo infinito de nuestra frustración Y no somos conscientes de que cumplirlos, de que hacer el esfuerzo de luchar contra nuestra frágil memoria y voluntad y mantenerlos vivos, nos acercaría un poco más a esa felicidad que a veces se nos antoja tan lejana.
Hay que ir pasito a paso. Primero uno pequeñito: Venga, llama hoy a tu amigo. Y mañana sábado, échale valor, abre el cajón y lucha contre esos calcetines!! Y qué me dices si el domingo te animas a salir y caminar un rato al sol. ¡Hazlo!
Seguro que así el lunes será menos lunes y tu tú serás un poco más tú, un poco más feliz.
No hace falta que te conviertas en un ser musculado con abdomen de acero. No es necesario que la palabra lorzilla no forme parte de tu vocabulario y desde luego el mundo no te agradecerá para siempre que seas absolutamente bilingüe.
Lo que sí es necesario es que sonrías, que tu familia te sienta cerca, que no seas infeliz por cosas que realmente no tienen importancia. Lo que sí merece la pena es que cuides tu salud, que disfrutes de tus amigos, que rías… Lo que verdaderamente te acerca a la felicidad es saber que tienes el timón de tu vida, que eres capaz de cualquier cosa, y esa certeza comienza por algo tan sencillo y placentero como coger ese libro que te espera desde hace meses en la estantería, quitarle el plástico y sentarte en tu sillón favorito a leértelo.
