El pequeño plan
Por fin, varias semanas después de abrir este blog tengo un momento para escribir algo más… Con mi primer post me dije a mí misma que iba a intentar hablar sobre las cosas buenas y bonitas de la vida, pero la verdad es que no he tenido la ocasión de hacer un seguimiento serio de este tema…
El tiempo pasa a tal velocidad que es prácticamente imposible atrapar un pensamiento lo suficiente como para darle forma. Ni tan siquiera logra ser protagonista el período mínimo para al menos recordarlo y darle una ocasión más adelante. Siempre hay otra idea que viene a pisotearlo antes de que el pobre tenga la más mínima ocasión de desarrollarse y verse plasmado en una página. Y lo peor es que normalmente esta muerte súbita de la inspiración no está provocada por un sentimiento o idea grande y hermosa, que merezca realmente que todo lo de alrededor se detenga para abrirle paso. No, que va. Siempre son cosas absurdas: hay que ir a comprar leche; el perrito se ha vuelto a hacer pis en el pasillo; no tenemos nada que cenar; hay que cerrar la facturación del mes… la caldera ha muerto definitivamente, hay que cambiarla; me tengo que depilar las piernas, parezco el yeti; una vez más la dirección de la empresa ha elegido un sistema de trabajo absurdo y has de vivir en la oficina los próximos meses…
Sí, la vida es así. Hemos de dejar a un lado las cosas que nos hacen felices para darle tiempo a asuntos de mera supervivencia diaria. Nimiendades que tienen en nuestra vida la única trascendencia de superar un día más. Pequeñas cosas que desde luego no recordaremos como “grandes aventuras” o “increibles logros” si tenemos la suerte de alcanzar la vejez y de ver el atardecer en una mecedora contándole batallitas a quien te quiera escuchar.
Bien, llegados a este punto, soy consciente de que la meditación sobre cuestiones metafísicas está complicada. Incluso el dedicarle tiempo a la mínima inspiración dramática o novelesca es prácticamente imposible. Pero al mismo tiempo me había propuesto cambiar las cosas, cambiarme a mí, cambiar la rutina. .. Si lo piensas bien te das cuenta de que sólo hay que proponérselo con fuerza y con fé, intentar rehacer el guión y convertir la peli costumbrista por una que tenga un poco de acción.
Y por ahí precisamente hemos empezado… En los últimos dos meses hemos ido creando un pequeño plan que dé un giro a nuestras vidas, que le abra la puerta a la novedad sin cerrársela a lo logrado hasta ahora.
Lo primero que hemos hecho ha sido quedarnos con los dos preciosos perritos que os presenté en mi segundo y, hasta hoy, último post. Sí, Ginger y Ron forman ya parte de la familia y aunque todo el mundo nos dice que estamos locos por quedarnos con tres perros estamos felices de haberlo hecho. Sí, estamos de acuerdo, no es como hacer deporte de alto riesgo (aunque casi), pero por algo se empieza, ¿no?
Por si el tema perruno fuese poco, nos vamos a Roma… Ja! por fin voy a ir a Roma. Sólo será un fin de semana, de acuerdo, pero vamos, que es lo importante. Este viernes cogemos la maleta y habré cumplido otra de mis ilusiones. ¡Bien! Si a eso le sumo que mi chico tampoco lo conoce y que la descubriremos juntos… ¿qué más puedo pedir?
Pues lo más importante: nuestro Café. Si todo va bien, abriremos un café que será el inicio de esta nueva etapa. Mi chico, mi hermana pequeña y yo, contando por supuesto con la ayuda y apoyo de familia y amigos que sin duda son lo mejor que tenemos.
Bueno, no está mal para empezar el año, ¿no?
Y ya que de momento no puedo hacer mucho más, y que a partir de ahora tendré aún más obligaciones de las que ya tenía, al menos intentaré escribir sobre nosotros y sobre nuestros logros, sobre nuestros avances y nuestros problemas… Éste será nuestro diario, el cuaderno de bitácora personal de esta aventura que es la vida.
A priori no es la gran novela del siglo XXI, pero por algo se empieza.
¡Bienvenidos a mi blog!

Escribe un comentario