El pequeño plan

•Febrero 18, 2008 • Deja un comentario

Por fin, varias semanas después de abrir este blog tengo un momento para escribir algo más… Con mi primer post me dije a mí misma que iba a intentar hablar sobre las cosas buenas y bonitas de la vida, pero la verdad es que no he tenido la ocasión de hacer un seguimiento serio de este tema…

El tiempo pasa a tal velocidad que es prácticamente imposible atrapar un pensamiento lo suficiente como para darle forma. Ni tan siquiera logra ser protagonista  el período mínimo para al menos recordarlo y darle una ocasión más adelante. Siempre hay otra idea que viene a pisotearlo antes de que el pobre tenga la más mínima ocasión de desarrollarse y verse plasmado en una página. Y lo peor es que normalmente esta muerte súbita de la inspiración no está provocada por un sentimiento o  idea grande y hermosa, que merezca realmente que todo lo de alrededor se detenga para abrirle paso.  No, que va.  Siempre son cosas absurdas:  hay que ir a comprar leche;  el perrito se ha vuelto a hacer pis en el pasillo; no tenemos nada que cenar; hay que cerrar la facturación del mes… la caldera ha muerto definitivamente, hay que cambiarla;  me tengo que depilar las piernas, parezco el yeti; una vez más la dirección de la empresa ha elegido un sistema de trabajo absurdo y has de vivir en la oficina los próximos meses…

Sí, la vida es así. Hemos de dejar a un  lado las cosas que nos hacen felices para darle tiempo a asuntos de mera supervivencia diaria. Nimiendades que tienen en nuestra vida la única  trascendencia de superar un día más. Pequeñas cosas que desde luego no recordaremos como “grandes aventuras” o “increibles logros” si tenemos la suerte de alcanzar la vejez y de ver el atardecer en una mecedora contándole batallitas a quien te quiera escuchar.

Bien, llegados a este punto, soy consciente de que la meditación sobre cuestiones metafísicas está complicada. Incluso el dedicarle tiempo a la mínima inspiración dramática o novelesca es prácticamente imposible. Pero al mismo tiempo  me había propuesto cambiar las cosas, cambiarme a mí, cambiar la rutina. .. Si lo piensas bien te das cuenta de que sólo hay que proponérselo con fuerza y con fé, intentar rehacer el guión y convertir la peli costumbrista por una que tenga un poco de acción.

Y por ahí precisamente hemos empezado… En los últimos dos meses hemos ido creando un pequeño plan que dé un giro a nuestras vidas, que  le abra la puerta a la novedad sin cerrársela a lo logrado hasta ahora. 

Lo primero que hemos hecho  ha sido quedarnos con los dos preciosos perritos que os presenté en mi segundo y, hasta hoy, último post. Sí, Ginger y Ron forman ya parte de la familia y aunque todo el mundo nos dice que estamos locos por quedarnos con tres perros estamos felices de haberlo hecho. Sí, estamos de acuerdo, no es como hacer deporte de alto riesgo (aunque casi), pero por algo se empieza, ¿no?

Por si el tema perruno fuese poco, nos vamos a Roma… Ja! por fin voy a ir a Roma. Sólo será un fin de semana, de acuerdo, pero vamos, que es lo importante. Este viernes cogemos la maleta y habré cumplido otra de mis ilusiones. ¡Bien! Si a eso le sumo que mi chico tampoco lo conoce y que la descubriremos juntos… ¿qué más puedo pedir?

Pues lo más importante: nuestro Café. Si todo va bien, abriremos un café que  será el inicio de esta nueva etapa. Mi chico, mi  hermana  pequeña y yo, contando por supuesto con la ayuda y apoyo de familia y amigos que sin duda son lo mejor que tenemos.

Bueno, no está mal para empezar el  año, ¿no?

Y ya que de momento no puedo hacer mucho más, y que a partir de ahora  tendré aún más obligaciones de las que ya tenía, al menos intentaré escribir sobre nosotros y sobre nuestros logros, sobre nuestros avances y nuestros problemas… Éste será nuestro diario, el cuaderno de bitácora personal de esta aventura que es la vida.

 A priori no es la gran novela del siglo XXI, pero por algo se empieza.

¡Bienvenidos a mi blog!

¡¡Es un milagro!!

•Diciembre 11, 2007 • 3 comentarios

Es un milagro Familia feliz

Nunca podremos asistir con indiferencia al milagro de la vida. 

Por más que hayamos estudiado o leído, por más documentales que nos hayamos empeñado en ver para comprender y aprender, lo cierto es que cuando asistimos a un nacimiento una inexplicable sensación de de sorpresa e incredulidad se apodera de nosotros. Se trata casi de una experiencia mística. Y digo casi para no ser tachada de exagerada o excesivamente sentimental.

Tras un parto de más de 10 horas, mi  amiga  SODA (decir sólo perrita me parece muy poco) logró darle la vida a dos preciosos cachorritos: Ginger y Ron…Y le dolió y sufrió, y nos buscaba con su mirada para sentirse menos sola y asustada, para encontrar apoyo y ayuda y asegurarse de que sus bebés saldrían adelante.  Y pese a la tristeza de haber perdido al segundo de ellos siguió adelante hasta que su agotado cuerpecillo logró parir al último de sus vástagos.  Tampoco se rindió cuando vio que éste no parecía tener muchas opciones. Por el contrario, nos dejó ayudarla a limpiarle un poco y no habían transurrido ni dos minutos cuando se había soprepuesto del brutal esfuerzo y comenzó a lamerle con convicción, a darle su calor, insuflándole la vida en cada uno sus lengüetazos.  Mientras  mi chico y yo les observábamos impotentes y abrigábamos a Ginger que gritaba llamando a su mamá,  cruzábamos los dedos y le pedíamos al destino que fuese benevolente y nos dejase disfrutar de un final feliz.

Así fue. Tras unos veinte minutos, que me parecieron mil, oímos el primer gritillo de Ron que decía: Bien, ya estoy aquí, ¿a qué hora se cena en esta casa?

No hay palabras que puedan describir las miradas cómplices que Soda nos dedicó, ni la amplia sonrisa de Patxi  que me besaba y abrazaba diciendo ¿lo ves? ¿estás contenta? Sólo os puedo decir que mi corazón de pronto  se hizo más grande y que sigue ocupando más sitio en mi pecho ahora, más de veinticuatro horas después.

Me acerco a su cajita y allí me quedo horas, observándoles. Veo a Soda abrazando a sus hijos con tanto amor que se pueden ver los corazones y las estrellas en el aire, como si fuesen  una familia de dibujos animados. Y entonces me veo a mí misma hace tres años,  en la habitación de la Clínica en la que mi hermana dió a luz, sentada junto al cuco y sin apartar los ojos de María, una preciosa niña a la que aún hoy no puedo dejar de mirar… Y una vez más me reitero  en la certeza de que la Vida es un Milagro. Sí señor, un puto milagro.

… Y lo primero fue un post

•Diciembre 7, 2007 • 9 comentarios

Tras tragarse la última uva que separaba 2006 de 2007 se hizo las mismas promesas de años anteriores. Con la misma convicción, la misma esperanza pero, eso sí, con un poco más de prisa. El tiempo pasaba tan rápido. No sabía cómo había llegado a los 40 sin darse  cuenta. Sin hijos, sin casa propia, sin viajes de ensueño, sin cumplir su vocación de escritora. Había logrado sobrevivir y mantener el sentido del humor, lo que no era poco.

Se acercaban las uvas de 2008 cuando fue consciente de que nada había cambiado en los 341 días que habían transcurrido desde aquella uva. ¡Maldición! Entonces decidió hacer algo en esos últimos días… como el que invierte en su plan de pensiones el 30 de diciembre sólo para desgravar.

Síííí, le iba a echar valor, iba a escribir algo para participar en ese concurso. Si ganaba por fin conocería Nueva York, uno de sus sueños. Animada con la idea leyó las bases.

¡Vaya por Dios! Tenía que tener un blog. Pues se hace.

Y escribir un post… ¿qué carajo es eso?  A ver… ¿qué más?

Ohhh,  tenía que basar su escrito en las noticias del año y eso sí que era un problema. La clave de su  sentido del humor y optimismo era, precisamente,  no comprar el periódico ni ver la noticias.  Pero no se iba a dejar asustar por una última nimiedad, que para eso estaba internet. Dicho y hecho, consulta los sucedidos del año, misión facilitada por los resúmenes que los obsesos de la información hacían en esas fechas:

Fin de la tregua de ETA, Terrible crispación política, La violencia de género protagonista, Terremoto en Perú, El cambio climáticoLos dramas de la inmigraciónLa crisis inmobiliaria, La amenza nuclear, Guantánamo sigue ahí, El Fundamentalismo …  El dopaje sacude el deporte...

¿Qué demonios podía hacer con ese material? Era todo terrible. Tras meditar,  sonrió mientras apagaba el ordenador. Esperaría a las uvas para pedir sus deseos, como todos, pero ahora sabía que quería escribir sobre las cosas hermosas y buenas que hay en el mundo, aunque de momento no fuese a Nueva York… Sí, seguro que algo podría hacer. Al fin y al cabo para algo le serviría haber averiguado qué es un blog y, lo mejor de todo, haber escrito su primer POST.

Promocion Navidad

Fin de año Ver otros participantes